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Sebastián es ¡Andalú!

SOY EL BELLO DURMIENTE

SOY EL BELLO DURMIENTE

Ahí me ven... durmiendo, para que luego digan que me paso el día despierto y con ganas de jugar y de pasear. Y es una foto hecha de día, no de noche. De noche también duermo mucho, hasta las cinco y media de la madrugada, más o menos. Qué quieren, tengo hambre. Luego duermo otro rato. Y ya está, ¡a divertirse!

Hoy he estado en el videoclub. Ya había estado antes, pero todas las veces que me han llevado estaba muerto de hambre. Esta vez no. Y me ha encantado. la que más me apetece ver es Mulan, porque la chica que aparece en las portada es muy linda. Y una en la que aparecen los ojos verdes de una chica muy blanca. Mi madre me ha dicho que es una película de terror. O sea, que la chica se debe morir de hambre porque no me imagino que puede ser más terrorífico que eso. Imagino que tengo hambre en mitad de la noche. Y no hay teta. Mi madre no se despierta, por ejemplo. Y siento las tripas que me duelen cada vez más. Y no hay teta. Ninguna teta. Y grito y chillo y mi madre sigue ahí, roncando, y como no ando todavía no piedo despertarla a empujones. Y sigo sin teta...

No puedo seguir... Me asusto

7300 gramos...

7300 gramos...

Eso es lo que peso, siete mil trescientos gramos. No está mal, si no fuera porque aún no tengo 3 meses de vida. La gente me ve y cree que soy bastante más mayor. De momento no me molesta, pero si vieran la cara que se le pone a mi padre cuando le echan más de cuarenta años...

Y me encanta leer. Bueno no leo nada, sólo me gustan los dibujos y las fotografías, pero me encantan. La culpa la tiene un libro bestial que me regaló mi tía Paola, un libro lleno de dibujos preciosos y de colores y de niños jugando.

Y me encanta jugar con la vaca morada. Me encantan las vacas moradas. Cuando sea mayor voy a ser ganadero y voy a tener miles de vacas moradas con manchas amarillas, como FELIPE, que hoy se ha cambiado de sexo, y ya no es toro, ahora es vaca. ¿Que si ha cambiado de nombre? No. ¿por qué debería cambiar de nombre?

PARQUE DE ATRACCIONES

PARQUE DE ATRACCIONES

Esa es mi cara en mi nuevo parque de atracciones, una manta llena de colores. La cruzan dos palos y está llena de cosas que cuelgan y que tienen colores y que suenan. Están:

PELOTA: Es una cosa redonda llena de colores que tiene un cascabel dentro. (eeEEEooooOOOa)
ARO: Ees un circulo transparente que está lleno de bolitas y que cuando logro empujar, suena. (aaAAAAAo)
LUCY: Es una vaca amarilla que no sé si suena porque de momento sólo puedo verla pero no tocarla (uUUiii)
FELIPE: Es un toro morado, espectacular. (eeeeeEEEEiiiEEEee)
MONO: Es un llavero. Lo llamo mono porque puedo llamar a las cosas como me de la gana. (OOOOOOoooooo)

Me lo paso bomba con todas estas cosas. Tan bien, que se me olvida que tengo que comer, que tengo que dormir, que me tengo que bañar. Se me olvida hasta que día de la semana es. Se me olvida todo.

Y hoy, las chicas que están haciendo la película conmigo no han querido venir. Me han cambiado por Examen. Tú me dirás quién se puede llamar así, con ese nombre tan feo. ¿Será porque estos dos me han afeitado la cabeza? ¿será que examen es chica? ¿por qué estos dos que se suponen que son mis padres no le parten la cara a ese Examen y pelean por mis derechos?

HIPNOTIZADO

HIPNOTIZADO

Mi padre es hipnotizador.

Pone voz de rumano o de búlgaro y mueve el dedo índice de un lado para otro y me dice que me Concentrrre, así, con la erre muy marcada, y me dice que me pesan los párpados y que tengo sueño y, por increíble que parezca, los párpados empiezan a pesar y me entra un sueño... y me duermo. Yo, que lo único que no quiero hacer es dormirme. Y les juro que hago verdaderas locuras con tal de no dormir: muevo la cabeza de un lado a otro, me froto los ojos, grito. Esta foto está tomada en uno de esos momentos de lucha contra el sueño. Pero nada parece funcionar con el hipnotizador.

Tengo que idear algo para no volver a caer dormido. Miraré hacia otro lado. O fingiré que me duermo.

PACHORRO

PACHORRO

Mi padre me ve ahí, sentado en la silla así y me llama Cachorro.
Mi madre me ve ahí, sentado en la silla así y me llama Gordino.
Menos Sebastián, todo lo que quieran. A mí, como ven, me resulta del todo indiferente. ¿Cómo dice el refrán? "Ladran, luego cabalgamos". Lo único importante es que me presten atención. Y para eso soy un genio.

Puedo gritar, moverme como si fuera epiléptico, comerme los puños como si estuvieran hechos de leche, chillar y patalear a la vez, articular millones de sonidos...
Puedo tirarme pedos horribles, lanzar las mantas con las que me cubren a diez kilómteros de distancia...

Y, cuando logro queme presten atención, me quedo ahí, sentado en la silla. Y me veo y me llamo a mí mismo Pachorro...

JOEL ES CUBANO

JOEL ES CUBANO

Joel es cubano y tiene una sonrisa estupenda. Hemos ido a su bar. Por lo visto ya me conocía, de los tiempos en los que aún estaba dentro de la panza.

Es la primera vez que veo a un señor que no es rosado ni blanco. Joel está muy bronceado, como si hubiera estado horas y horas al sol. Joel me ha explicado que en Cuba, a los niños se les da una infusión de anís, pero mi madre ha dicho que eso es exactamente lo que me dan. Eso quiere decir que la porquería esa de color cobre que me dan es una infusión de anís. No sé si me hace efecto, porque aún chillo mucho cuando tengo pedos atascados.

Y una cosa importantísma. No quiero comer más solo. Hoy, cuando hemos llegado al bar de Joel, mis padres han pedido cosas para comer y, como siempre, me han dejado al margen, fuera de juego. Así que me he puesto a gritar como si me estuviera muriendo de hambre, como si me estuvieran arrancando las tripas. No he comido mucho, porque no tenía muchas ganas, así que me he quedado sujeto al pezón, poniendo casi la misma cara que pongo cuando como con ganas, y ahí he estado hasta que hemos terminado de comer. Luego he vomitado casi todo, ya les digo que no tenía hambre, que sólo quería estar con ellos comiendo. De todas formas aún o sé muy bien cuál es exactamente la cara que pongo cuando como con hambre de verdad, porque han sabido inmediatamente que sólo estaba fingiendo, que en realidad no tenía demasiada hambre.

Y luego hemos ido a la playa.

DIAS EXTRAÑOS

DIAS EXTRAÑOS

Ahí estoy, en el hombro de mi padre, como si fuera un saco de patatas. Y es que hoy ha sido un día extraño. Ahí me ven, protestando.

En realidad no es una protesta contra nada en concreto. Hoy he tenido gases, ¡qué día no tendré más!. Hoy he comido requetebién, ¡qué día no he comido bien hasta ahora!. Incluso he podido dormir a ratos, no mucho, pero sí he dormido. No, es simplemente que hoy estoy protestón. Y sé por qué. Como explicárselo. Es como si de repente se dieran cuenta de que no pueden hablar, como si sus labios estuvieran cerrados. O como si estuvieran en un país en el que se habla otro idioma, no sé el afgano o el japonés o el cantonés, y por mucho que lo intentara nadie le entendiera. Eso me ha pasado a mí hoy. Que tengo muchas cosas que contar, que quier hablar con mi madre o con mi padre y contarles lo bonita que es la vaca morada que tengo en el cabecero de la cama, sí ya tengo mi propia cama, o el frío que hace en la calle y sólo me salen gritos y balbuceos ridículos que solo yo comprendo. Y me desespero. Luego les veo comer patatas y carne y beber agua en vasos y reirse y me da envidia, mucha envidia, aunque no se si prefiero la leche de la teta de mi madre. Pero me gustaría estar ahí sentado, comentando las noticias de la tele o hablando de colores o de olores y no puedo, porque soy muy pequeño (aunque eloos dicen que soy muy grande) y porque no se hablar, no sé decir palabras. Sí se escribirlas, ¡qué terrible paradoja!, pero soy incapaz de pronunciarlas.

Y he hecho otro descubrimiento esencial. No sé hacer un montón de cosas que deberían ser simples. Una es tirarme pedos. La otra es muy extraña. Cuando empiezo a gritar no tengo ni idea de cómo se para, no sé qué tengo que hacer para dejar de gritar. Es como si se hubiera pulsado una tecla de "encendido" pero no hubiera ninguna de "apagado". Menos mal que mis padres sí saben cómo hacerlo. Me pongo a gritar y después de un rato, grito porque no puedo dejar de gritar y entonces cualquiera de los dos dice, "se acabó" y yo digo, "¿qué?" y ahí se me corta el grito. Menos mal que siempre los tengo cerca. Podría si no estar gritando días y días sin parar, sin saber parar que es todavía más desesperante.

PATRULLA - X

PATRULLA - X

Este soy yo, leyendo un cómic de la Patrulla - X. No aparece el Vengador Tóxico, mi Otro-Yo, pero me gusta igual.

Hoy hemos estado de librería en librería. Primero en una de viejo, en esa es donde me he hecho la foto. Luego hemos visitado una librería preciosa que, además, tiene Cuentacuentos, pero ya me dirán, si no entiendo más que el 5% de las cosas que me dicen mis padres, ¡como para entender algo de lo que me cuente un perfecto desconocido! En cualquier caso, hoy lo he pasado muy bien. Para completar un día espléndido, he vaciado mis tripas y esto me ha permitido comer más que nunca, emborracharme hasta caer desplomado más veces que nunca. En fin, una gozada.

Además hoy he estrenado un conjunto en color pistacho preciosísimo y una especie de capota de plástico que se pone en el carrito en el que me llevan de un lado para otro. No logro enfocar aún bien y eso hace que prefiera ir con los ojos cerrados o abrirlos sólo cuando estoy seguro de que estamos parados en alguna parte. Pero con la capota esta de plástico, el efecto sobre mis ojos es devastador. Si antes no veía bien, ya saben el efecto "ojo de pez", con la capota tengo el efecto "borracho de vino barato y además ojo de pez". Así que he abierto un segundo los ojos, he visto todo difuminado, borroso y he pensado: "Tranquilo, esto no es más que un sueño", así que he cerrado los ojos y no los he vuelto a abrir hasta que he sentido las manos de mi padre sacándome del carrito.

Por la tarde ha venido a visitarnos mi tío Fede y hemos ido a un Centro Comercial y había un montón de gente, así que me he encerrado en el carrito, debajo de la manta, con los ojos bien cerrados y he empezado a soñar con el amarillo y con un nuevo color que he visto hoy, ese que mi madre llama Naranja.

CONTENTO

CONTENTO

Hoy ha vuelto a salir el sol, así que estoy muy contento. He dormido bastante bien, parece que el cólico que sufrí ayer ya se ha ido con viento fresco.

Hoy he descubierto que soy capaz de distinguir el amarillo. No crean que es una cuestión menor. Al principio, en el momento de nacer, sólo veía dos colores: el blanco y el negro. Todo lo que estaba a menos de 30 centímetros de mis ojos, era negro. El resto, todo era blanco, un blanco luminoso y cegador. Con el tiempo, empecé a distinguir otros colores. El primero, el rojo y con él, las variantes de rojo. Después, el verde y más tarde, el azul. Ahora veo también el amarillo. Y mis ojos enfocan más, parece que el efecto "ojo de pez" está desapareciendo poco a poco, aunque todavía veo las cosas un poco distorsionadas. Hay veces que, por tratar de enfocar bien, por tratar de identificar de una vez por todas a mi madre, me pongo muy bizco, o eso dicen.

También estoy distinguiendo olores mejor y se me está desarrollando el sentido del gusto. Ahora no puedo comprender cómo podía beberme un brebaje que me preparaba mi padre de color oscuro, un líquido horrible que me daba con el biberón de Vélez, una infusión terrible que por lo visto era para aliviar mis gases, para facilitarme eso tan bonito que es tirarme un pedo. O el agua, algo sin sabor, algo que espero no tener que beber nunca jamás. Donde esté la leche de mi madre... ¿quién puede querer beber agua?

HÉCTOR

HÉCTOR

Héctor, el jefe de mi abuelo Oscár, es el que me ha regalado este espectacular conjunto con la "gloriosa V azulada". Sí, la V de Vélez Sarsfield. Me ven así, con esa cara seria, y es porque llueve. En un día así, mis padres han intentado arrancarme una sonrisa, recordándome que el equipo del que soy socio, el equipo de la "gloriosa V azulada" sigue primero en la Liga Argentina, pero nada. La lluvia me nubla.

Hay dos nuevos gestos e mi catálogo que me están ahorrando un montón de gritos: las patadas-pisotón. Si piso con la pierna derecha, sólo con la pierna derecha, tengo Hambre. Si piso con la pierna izquierda, sólo con la pierna izquierda, tengo Pedos. Si piso con las dos piernas, como si estuviera corriendo, escapando de un incendio, entonces tengo un Quilombo. Por las mañanas muevo más la pierna derecha (hambre) que la izquierda (pedos). Por la noche, es más la izquierda (pedos) que la derecha (hambre). Por la tarde, a partir de las cinco de la tarde suele ser Quilombo. Los días que llueve, y hoy es uno de esos días, todos estos cálculos se van al garete. Porque me he pasado el día gritando y moviendo las dos piernas a la vez. Esto se llama Maxi-Quilombo o Pitote-Mayúsculo. En esos momentos, lo único que quiero es que pase este día de lluvia ya, que me tengan todo el día en brazos, que tenga la teta izquierda de mi madre disponible y a punto y que me hagan todo tipo de juegos y monerías para distraerme. Y si no es así.... Maxi-Quilombo.

Espero que mañana haga sol o que sea todo el día noche, porque si es de noche, no sé si está nublado o hace sol y por lo tanto, hago lo que hago todas las noches. ¿Qué es? Normalmente mover la pierna derecha (hambre) más que la izquierda (pedos). ¿O era al revés?

4930 GRAMOS

4930 GRAMOS

Podría ser el título de una película, pero no, es lo que peso hoy. Hemos ido para pedir hora a la pediatra y me ha dicho que tengo que pesarme 1 vez por semana, así que he arrastrado a mis padres hasta una farmacia con una balanza electrónica muy bonita y un señor con bata blanca, con el mismo aspecto que un panadero, me ha puesto encima de ella y me ha dicho: "¡Pesas 4 kilos y novecientos treinta gramos...Estás criado ya!". Así que hemos salido de allí y para celebrarlo he invitado a mis padres a un bar con un camarero muy simpático que me ha atendido muy bien. Le ha gustado mucho mi nombre. Más tarde, aprovechando que hoy hace un día de sol espectacular, nos hemos ido hacia el centro, más que nada porque quería echarme una siestecita con el ronrroneo del cochecito y así ha sido, así que no tengo mucha idea de dónde hemos estado o qué hemos hecho. Luego hemos ido al mercado, que estaba llenísimo de gente, pero como yo iba montado en carrito, todo el mundo se apartaba cuando me acercaba hacia ellos. No he visto casi nada, porque los puestos del mercado tienen todo muy alto para mí, pero sí he olido cosas, algunas muy ricas otras dulces y algunas amargas. Para celebrarlo, me he tirado un pedo espectacular, pero con el ruido nadie se ha dado cuenta.

Y, en casa, he dicho: "¿Qué tal un baño?" y, a pesar de que mi padre se ha hecho el remolón, como que le daba pereza bañarme, al final han llenado la bañera de agua y me han bañado. Casi al final he pasado un poco de frío y es que este par de padres que me han tocado casi no cumplen ninguna de las cosas que dicen los manuales para niños como yo, por ejemplo, en lo de la temperatura de la habitación, que siempre está a 22º y no a 27,5º que es lo que dicen los manuales. Y, en el agua, me he tirado un pedo-protesta, que es como los otros, pero con mucho más escándalo.

Antes he oido la frase, "Vale su peso en oro", pero espero que ninguno de los dos la haya escuchado. 4930 gramos de oro son muchos euros, a ver si por un puñado de monedas son capaces de venderme a cualquiera. Espero que no, pero por si las moscas, hoy no voy a chillar tanto como ayer. Si los pedos lo permiten, claro...

ESTOY NUBLADO

ESTOY NUBLADO

Hoy estoy nublado, como el día. Ahí me ven, gritando como un loco. Y es que hoy estoy nublado.

Está clarísimo que me encanta el sol, porque con los días fríos o cubiertos de nubes me pongo nublado. No disfruto ni en el baño, y eso que es un momento único. No disfruto ni comiendo que más que comer trago sin control, como si estuviera enfadado con la teta. Y no lo estoy, es que estoy nublado. A ver si se creen que es privilegio de los mayores eso de tener días torcidos, días extraños en los que sin saber muy bien por qué, uno está de mal humor. Todo es molesto, todo. Hasta los pañales son incómodos, eso que ya he pasado a los de la talla 2, que son más grandes y no me aprietan nada de nada. Todo es incómodo y molesto. Y encima el día está nublado.

Todos los juegos del día me han aburrido, sólo quería gritar y patalear porque estoy realmente enfadado con el sol. ¿Por qué hoy no ha querido salir? ¿De qué depende que salga o no? ¿A qué tanta nube gris si luego no llueve nada? No lo entiendo, pero tampoco se lo puedo preguntar a mi madre, porque hoy por hoy, no me entiende. Hasta tengo nublados los pedos, que no quieren salir como en los días de sol. En fin, cada uno tiene sus días. Y hoy es un día nublado y tormentoso. A ver si se hace de noche ya, trato de dormir y llega pronto mañana que ya me he cansado de un día así.

VISITAS

VISITAS

Hoy a venido mi tía Daniela, que tampoco es mí tía, con mis otros tíos, Fede y Natalia, y un tío nuevo, Adrián. Esa es la cara que se me pone de saber que tengo tantos tíos.

No tengo todavía ninguna foto con mi tía Daniela. ¿Por qué? Cuando ellos han llegado yo estaba en el trance que me da después de comer. Después, me he puesto a chillar como un loco porque se me ha atascado un pedo tremendo y hasta que no lo he soltado, he estado pasando de mano en mano como si fuera un muñeco en llamas. Cuando por fin me he tirado el pedo, este sí que ha sido horrible, me he vuelto a quedar en trance. Me han sentado en el cochecito que se compraron el otro día mis padres y ahí me he quedado, dormido y soñando con cosas que no les voy a contar aquí. Después, mi padre ha empezado a poner música, y estaban todos hablando muy alto así que me he quejado, he elevado mi más enérgica protesta y me han llevado a otra habitación. Pero solo no me gusta mucho estar, así que se ha venido mi madre con Natalia a hacerme compañía y a contarme cosas y a jugar al Barco en el Mar, ya saben, ese juego en el que el carrito se convierte en un barco y los que están fuera lo mueven de un lado a otro, como si estuviera flotando en un mar azul y tranquilo... no saben cómo relaja eso del Barquito, aunque he oído una nueva palabra, creo que la ha dicho mi tío Adrián, que me ha llamado la atención: Hamaca. Luego, con el asunto del barco más el esfuerzo del pedo que me he tirado antes, más esto y mas lo otro, mi padre ha decidido cambiarme de conjunto y ponerme uno que hasta la semana pasada me venía grande y que ahora ha encogido (o yo he crecido, pero de eso no estoy tan seguro). Y entonces, se han ido. Así que todavía no tengo ninguna fotografía con mi tía Daniela. Tiene una guardería en Torremolinos. ¿Saben cuánto me gustaría conocerla? ¡Muchísimo! Pero de momento no tengo palabras para decírselo, vamos que las tengo pero que no se pronunciarlas, sólo se decir uhahuhahhiiihhhmmmmmmmahhhuuuu.

¿No me entienden? ¿Y que creen, que yo a ustedes sí? A mi madre, y con eso me sobra y me basta.

Y el Unicaja pierde en Barcelona (baloncesto) y el Málaga sólo pudo empatar con el Depor. Ah, y Vélez es quinto. aaaahhhuuuhhhmmmmmooooooaaahhhhiiiiimmmmmm.

HAMBRIENTO

HAMBRIENTO

Ese soy yo, comiéndome un dedo como si fuera un chorizo o un trozo de churrasco.

Tengo hambre. Mucho hambre. Como y no me dura nada el estómago lleno, enseguida reaparece el dragón ese que me quema las tripas, ese que sólo se contiene cuando como. Pasan dos horas, sólo dos horas y el dragón reaparece. Y como, les juro que como con ganas. Me paso mucho rato comiendo, mucho mucho tiempo, para estar seguro de que el dragón que me quema las tripas me va a dejar en paz. Pero siempre quiere más y más. Y cuando me pasa eso, me comería todo. Me comería el mundo. Me comería hasta un dedo. Caníbal, sí. Mi padre dice que cada día peso más y yo creo que cada día estoy más delgado, creo que me están sometiendo a un régimen terrible, creo que me dan menos comida de la que necesito. Si supieran mi angustia... Termino de comer y entonces me tiro dos o tres pedos y siento que se me ha hecho hueco en la tripa, siento que podría haber comido más y me desespero y grito y pido más, ¡dame otra vez la teta, por favor! y cuando grito vomito algo, y al hacerlo me queda más hueco, tengo que comer, tengo que comer, el dragón va a reaparecer rápido si no como más y grito y a duras penas logro que mi madre me vuelva a dar su teta, esa fuente de comida, esa taberna, ese asador... Y me lleno otra vez, esta vez me aseguro de tirarme los pedos según voy comiendo para tener hueco suficiente y retrasar la aparición del Dragón Ardiente, ¡si supieran cómo es! ¡es terrible! ...

Después, si hay suerte, me quedo dormido. Entonces sueño que estoy en un paraíso de color verde y que abro la boca y que sólo respirar es comer, basta con abrir la boca como un pez para que el paraíso verde me dé de comer, de algo que es tan rico como la leche de mi madre.

JUEGOS

JUEGOS

Ahí donde me ven estoy volando en una alfombra mágica. He recorrido toda la casa volando en mi alfombra. Aún no tengo dominado el sistema de navegación de la alfombra, no logro que suba todas las veces que lo deseo ni que baje hasta donde yo quiero, pero creo que seré capaz de lograrlo.

Hoy he jugado a un montón de juegos. Algunos son idea mía y otros no. La verdad es que, de momento, me dejo llevar. A mediodía, por ejemplo, he jugado a La Noche se Mueve con un pañuelo de seda cubierto de lunas y de estrellas y, de verdad, la noche se movía y me envolvía y yo trataba de cogerla, con una mano o con la boca. Un par de veces me ha ayudado Doin-Doing, el títere-arlequín, otras veces lo he intentado yo solo. ¡No saben cómo se mueve la noche, yo que creía que era algo estático! Más tarde he jugado a Vengador Tóxico que, básicamente consiste en que mi padre se enfrenta a mí, Toxic Avenger, y yo sólo tengo mis pedos para acabar con él y la amenaza que representa para el planeta tierra. Luchamos, pataleo y siempre consigo tirarme dos o tres pedos enormes, a veces entre gritos que no son de dolor sino para asustarle. Más tarde hemos jugado a Saigon y la alfombra voladora se ha convertido en un helicóptero, cómo vibran los helicópteros, y al ritmo de la marcha de las walkirias hemos bombardeado con pedos distintas áreas de la casa ocupadas por vietnamitas invisibles que querían apropiarse de mi cama, del carrito de mis padres o de la cocina. A veces también jugamos a las películas, ya saben cada uno interpreta un personaje de una película y representamos escenas. Hoy, yo he hecho de Marlon Brando en "Apocalypse Now", acariciándome la cabeza con el rostro serio y diciendo "¡El Horror!¡El Horror!" mientras me tiraba un par de pedos para entonar la escena.

Y así me paso el día, jugando a cosas extrañas. Hoy he ido a la playa y sí he visto el mar y he tocado la arena. Y he visto agua, he pensado en un baño e inmediatamente me han entrado unas ganas terribles de comer...

MOTORIZADO

MOTORIZADO

Hoy, aprovechando que cumplo un mes, me han comprado un carrito. En realidad, se han comprado un carrito.

Antes, hasta esta misma tarde, yo colgaba de una especie de mochila que se sujetaba en el pecho de mi padre. No era muy incómodo. Pero cada día que pasa, estoy un poco más grande y peso un poco más. Así que son ellos los que se han comprado un carrito para llevarme de un lado para otro. Además, han discutido, bueno discutir es exagerado, han discutido por ver quién de los dos me empujaba, como si el carrito fuera suyo y se hubieran olvidado que era mío. Es, desde luego, más cómodo. Y puedo ver la ciudad, o más exactamente, muchas manchas de colores que se abren paso ante mis ojos, ante mi mirada de ojo de pez. Ya saben, esa mirada esférica que distorsiona todo lo que ve. Por eso, ante ese aluvión de imágenes que se abalanzan sobre mí, cierro los ojos y finjo que me duermo. Es más encillo y me canso menos. Otra cosa en en casa o en espacios cerrados, que me cuesta menos abrir los ojos. Pero en la calle... no, en la calle todavía no.

Cuando me han sentado en el carrito que se supone que es para mí pero que en realidad es para ellos, he sonreído. No ha sido un movimiento involuntario, no. ha sido plenamente consciente. Es mejor reír que llorar, porque por mucho que llore no voy a lograr que las cosas cambien, no voy a lograr que me sigan llevando en el capazo que es una mochila que se cuelga del pecho de mi padre. Y así les pongo contentos y creen que me gusta. ¿Quieren saber la verdad? Ni siquiera sé de qué color es.

A partir de ahora ya sé dónde voy a ir cuando vayamos de paseo. Sentado o, más bien, recostado, en su silla. Menos mal que tienen que empujar ellos...

HOY CUMPLO UN MES.... O ¿FUE AYER?

HOY CUMPLO UN MES.... O ¿FUE AYER?

Esto que ven es mi regalo. Hoy cumplo un mes y mi madre me ha regalado lo que más me gusta.

En realidad no sé si es hoy, que es 22, o ayer que fué 21. Como dice mi padre, la culpa de todo es de un tipo que se llama Einstein y que se inventó ese asunto de la relatividad del tiempo. Porque cuando yo nací, era 22 de septiembre en Málaga. A la 1:20 de la mañana, una señora muy agradable recortó la vagina de mi madre, me abrió la puerta, por decirlo de alguna manera, y así pude sacar el cabezón. Pero, en ese mismo instante, era 21 de septiembre en Buenos Aires, aún muy lejos de que fuera 22. Así que es todo un poco extraño. ¿Me generará esto un conflicto posterior que sólo podré resolver en largas sesiones de terapia? ¿deberé recurrir al psicoanálisis para determinar con certeza qué día es mi preferido para celebrar mi cumpleaños? ¿Si decido que es el 21 no será que estoy materializando mi aproximación casi edípica con mi Madre (Buenos Aires) renunciando de forma voluntaria a la de mi Padre (Málaga)? ¿Si decido que es el 22 (Málaga)no reflejará un estado de proximidad casi enfermizo con mi padre, anulando de alguna forma, todo eso que la Madre supone (Buenos Aires)? En fin, que como ven, cualquier cosa me puede conducir al diván de un psicoanalista, porque tome la decisión que tome, de alguna forma todos mis actos se verán marcados por esta decisión. Afortunadamente, en el billón largo de neuronas que todos los niños tenemos al nacer, alguien ha metido el sentido común. Y ¿qué dice mi sentido común? ¡Celebra dos cumpleaños! Sólo son ventajas: dos fiestas, dos tartas, dos veces apagar las velas, dos veces pedir un deseo. Incluso puedo pedir el mismo deseo dos veces.

En cualquier caso, hoy llevo un mes agarrado a la teta de mi madre. Y la veo y me quedo así, pasmado, paralizado. Es eso que algunos llaman el Síndrome de Florencia, esa parálisis que produce ver tanta belleza en tan poco espacio de terreno. No tengo ni idea de qué es eso de Florencia, pero seguro que no es nada comparable con esto.

LA PRINCESA ANAHI

LA PRINCESA ANAHI

Mi padre me lee, y entonces me entra sueño.

Ahora me está leyendo "Historia Argentina" de un tal Fresán. Y sólo he llegado hasta el fin del primer capítulo, ese en el que la aparece la bellísima princesa Anahí. Es entonces cuando me entero que tengo una tía más, tengo más tías y tíos que cualquier otro niño en la Tierra, que también se llama Anahí y que es la que le regaló el libro a mi padre. Y, aunque no entiendo casi nada, sí entiendo Anahí, porque es una palabra que está llena de vocales y que suena muy bien.

Pero mis padres me leen. El otro día, me encantaría decir "ayer" o "antesdeayer" pero mi percepción del tiempo es aún extraña, mi padre me empezó a leer un libro de tapas rojas que se llama "El Factor Borges". Y me gustó. Lo sé, porque antes del tercer párrafo ya estaba en un sueño lleno de colores y de sonidos dulces y armónicos. Probablemente estaba soñando con la teta de mi madre, la izquierda, que es un poco más bonita. También me han leído un libro de Toni Morrison, un libro que me ha regalado otra tía mía, la tía Paola. Ese es el que más me gusta porque tiene las páginas muy grandes y está lleno de colores y de manchas borrosas que me gustan mucho. Con ese tardo un poco más en dormirme porque me gusta mucho ver las páginas, me gusta ver tanto color.

Eso que hago en la foto, bostezar, lo hago con frecuencia. Dicen los manuales que es un gesto automático pero les digo la verdad: bostezo porque tengo sueño. Porque cuando tengo hambre, chillo. Y cuando me aburro... bueno, es difícil aburrirse en esta casa.

CONSTANZA

CONSTANZA

Esta mujer se llama Constanza y también quiere ser mi tía. Es argentina y sale aquí porque es un cielo. Es una mujer muy grande, sus manos son casi tan grandes como yo. Eso debe significar que tiene el corazón muy grande, que no le cabe en el pecho y que por eso es así. Eso es lo que me ha contado mi madre y, claro, yo me lo creo porque si me lo dice mi madre debe ser verdad.

Constanza trabaja en una tienda que está muy cerca de la estación de tren, aunque puedo jurar que no sé qué es eso. Es extraño, pero a estas alturas mi padre aún no me ha llevado a ver ningún tren. Cuando Constanza me coge en brazos o simplemente cuando me ve, le cambia la voz y lo que antes era una voz recia, la voz que estoy seguro que imaginan en una mujer así de grande, se convierte en pura música. Y, además la entiendo, porque marca mucho las vocales que, como saben, es lo único que puedo comprender.

Después de ver a Constanza hemos ido a un centro comercial. No me ha gustado mucho, hacía mucho frío y había demasiada gente, así que he ido medio dormido todo el camino. Esta vez, mi padre no me ha hecho oler nada en especial, aunque había olores raros. Cuando hemos salido, me ha llevado mi madre en brazos y me he vuelto a emborrachar, como si de repente estuviera paseando por un rosedal o por un jardín japonés. Y así hemos llegado a casa y se me ha abiert el estómago y me he puesto a chillar porque tenía un hambre.....

EN LA PLAYA

EN LA PLAYA

Esa mujer que me sostiene en brazos es mi madre. Estamos en la playa. Esto fue hace dos días, pero coincidió con el Hito Histórico (mi abuelo argentino me cogió en brazos).

Como ven estoy bebiendo. Constantemente tengo sed. Ocho veces al día tengo que beber. Bebo durante casi una hora, a veces menos, como ese día en la playa. Cuando hay mucha gente, cuando estamos en la calle, me doy mucha prisa. Bebo y no hago nada más, hasta que se me pasa la sed. Pero si estoy en casa, bueno la cosa es diferente. Me tomo mi tiempo, como hacen los buenos borrachos delante de una botella de buen vino. Me acerco, huelo el pezón, como el que huele un corcho, con los ojos muy cerrados. Me emborracho del perfume de mi madre. Es casi un momento místico. Y luego, poco a poco, acerco mi boca a la punta oscura del pezón, doy un pequeño sorbo, dejo que se quede en mi boca durante unos segundos y, lentamente, lo trago, paladeando, apreciando su bouquet.

Ese día me di prisa. La playa estaba muy vacía y, si les digo la verdad, no me enteré de nada. Mi padre hizo un esfuerzo para que viera el mar, para que escuchara el sonido de las olas, para que tocara la arena fría de la playa. Pero no le hice ni caso. No abrí lo ojos, hacía mucho sol y estaba bastante dormido. y cuando los abrí, lo único que quería ver era una teta, la teta de mi madre. Además, el mar va a seguir ahí, por lo menos hasta que crezca un poco más. o eso espero.

Luego, fuimos a un bar con Kepa, un amigo de mi madre y se comieron un chocolate con churros. Y lo sé, porque mi padre me puso en la nariz un trozo de churro mojado en chocolate para que lo oliera. Pero yo... bueno yo estaba dormido otra vez. Más que dormido, pensativo, reflexivo. Ya saben, esa cara que ponen algunas personas cuando piensan muy concentrados, con los ojos muy cerrados, las manos sobre la cara...