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Sebastián es ¡Andalú!

MI MUDANZA

MI MUDANZA

Estoy mudándome. Ahora me toca a mí. Estoy cambiando mi diario de sitio porque este sitio es un poco lento y no funciona tan bien como yo quisiera. Así que tengo otro aquí, en
http://sebastianandalu.blogspot.com.

Es muy pesado pasar todo el diario de un sitio a otro, pero creo que es mejor el otro. Más rápido.

¿Les he dicho que me encanta ponerme de pie, que hago todo lo posible por quedarme de pie pero que todavía no lo consigo? ¿Les he dicho ya que sé pronunciar GLO y YEAH!? ¿Les he dicho ya que intento comer solo pero que, de momento, lo único que consigo es llenarme la cabeza de papilla? ¿Les he contado ya que en la guardería me lo paso muy bien?

COSAS DE HOMBRES

COSAS DE HOMBRES

Ahí estoy, frente a la lavadora, haciendo cosas de hombres. Mi padre pone la lavadora en marcha, es él el que decide en qué programa hay que lavar la ropa, qué cantidad de detergente hay que echar en los cubiletes. La lavadora me gusta porque da vueltas, muchas vueltas. Hay veces que da tantas vueltas y tan rápido, que me mareo, como si me entrara la angustia de la velocidad o algo así.

La plancha, planchar ropa, también es cosa de hombres. Mi padre extiende una mesa con forma de tabla de surf y pone encima un artefacto con la forma de un avión sin alas y la pasa por encima de la ropa arrugada y después, cuando termina, está plana y lisa, como nueva. Me gusta ver la ropa planchada.

Poner los enchufes y hacer agujeros en la pared para colgar cuadros es una cosa que hacen las chicas. Mi madre las hace muy bien, maneja con soltura los destornilladores y los martillos. Ella es la que sabe arreglar esas puertas tan delicadas que no aguantan que las abra más de mil veces. Ella hace todas las cosas que hacen las chicas.

Tengo clarísimo qué son cosas de hombres y qué son cosas de chicas. Tengo que aprenderlas rápido para que dejen de preguntar, cuando paseo por la calle, si soy chica o chico. Lo primero que voy a aprender, desde luego, es a poner en marcha la lavadora.

IZQUIERDA Y DERECHA

IZQUIERDA Y DERECHA

Todos esos que son bastante más mayores que yo son bastante torpes con el uso de las manos. Es como si hubieran perdido el sentido común, como si no supieran dónde está la mano izquierda y dónde la mano derecha.

Me he dado cuenta de que, cuando mis padres leen, pasan las páginas con una sola mano. Al ser diestros, sólo usan la mano derecha. Está bien para avanzar, porque la página que hay que pasar está a la derecha, pero es tonto para retroceder porque la página que hay que pasar es la izquierda. No la usan porque no saben hacerlo. O quizá porque son unos vagos. Pero no es sólo con esto, es con casi todo. Parece que tuvieran la mano izquierda de juguete, una mano de plástico. Como manejo las dos manos con alegría estos dos no saben aún si soy diestro o zurdo, si manejo más la mano derecha que la izquierda o al revés. Y sólo depende: si lo que quiero coger está a mi izquierda, ¿por qué usar la mano derecha si la izquierda está más cerca?

A los que usamos las dos manos nos llaman ambidextros. Es raro que no se llamen ambizurdos o ambimanos. O simplemente, que digan que es lo normal. Es raro que lo anormal, eso de usar una sola mano para hacerlo casi todo, sea más normal que usar las dos. ¿Para qué tener entonces dos manos?

EL IDIOMA DE LOS NIÑOS

EL IDIOMA DE LOS NIÑOS

Todos los niños del mundo hablamos el mismo idioma. Usamos las mismas palabras, los mismos ruidos para expliacrnos las cosas los unos a los otros. Puedo encontrarme con un niño ruso y entenderle perfectamente, y él a mí, por supuesto. O un niño chino mandarín. O un japonés. O uno de Burundi. Después, cuando crecemos, abandonamos este idioma común, que es simple y fácil de usar, para aprender a hablar como las personas que son mucho más mayores que nosotros, que son mucho más viejas. Mis padres hablan español, pero los de otros niños hablan árabe o alemán o swahili, y la cosa cambia. Lo peor es que, en un momento determinado, todo ese idioma común, ese lenguaje que es parecido al idioma de las plantas o de los insectos, se olvida. Se pierde. Yo me doy cuenta de esto porque cuando hablo, cuando les cuento algo a mis padres, ellos apenas me entienden. O, peor aún, ellos me hablan con palabras yo no les entiendo.

En mi idioma, que es el mismo que el de un niño del Congo o del Nepal, puedo hablar con las moscas, con los perros, con los peces. Puedo hablar con la arena y con el mar. Puedo hablar con casi todo. Por ejemplo, ahí me ven, hablando con los habitantes de una de las habitaciones de la casa, la habitación de las cassettes y los DVD. Hablo con esos objetos y ellos parece que no me contestan porque se quedan ahí, quietos, mirándome. Los objetos no hablan, no saben decir ni una palabra. Pero me dejan que los tire y los lance contra el suelo y los vuelva a tirar y a lanzar otra vez contra el suelo. Antes de hacerlo, hablo con la cara de un cassette y le digo que lo voy a tirar, que quiero que haga mucho ruido cuando caiga y el cassette me mira y se lanza desde mi mano con todas sus fuerzas hasta que hace tanto ruido que aplaudo y lo dejo en paz.

PALOTES

PALOTES

Hoy me han llevado a una nueva guardería. Realmente es mi primera guardería, porque a la de mi tía Daniela no he ido tantas veces como yo hubiera querido. Mi nueva guardería se llama Palotes y está muy cerca de mi casa.

Es un sitio fantástico. Lo he pasado en grande. Hay muchos niños de mi tamaño y de mi edad pero soy al único al que le han dejado el andador, eso que en mi casa es una nave espacial y que aquí es... bueno, un andador. Creo que mañana vuelvo. Y al otro y al otro.

Les he contado a estos dos lo bien que lo he pasado en Palotes, todas las cosas que he hecho, pero mi vocabulario es aún limitado así que sospecho que no se han enterado de nada porque, después de contarles lo guapa que es la maestra que me ha tocado, se han preguntado: ¿En qué idioma hablará este chico?

SOSTENIENDOME

SOSTENIENDOME

No ando. No puedo andar solo pero si soy capaz de ponerme de pie, de agarrarme a cualquier cosa y ponerme de pie. Luego, cuando ya estoy así, no sé qué hacer, así que me siento en el suelo y gateo otro rato.

Gateo mucho.

No tengo ni idea de por qué, a este avanzar sobre las rodillas y la palma de las manos se le llama Gatear y no Perrear o Elefantear o Jirafear. No tengo ni idea qué es lo que hacen los gatos para que estos dos sujetos que aseguran ser mis padres digan que gateo. Los gatos, según he podido observar, se quedan muy quietos y, cuando menos te lo esperas, salen corriendo y saltan o escalan árboles y paredes o se esconden debajo de los coches. Yo no hago nada de eso. Ni siquiera gateo deprisa.

A partir de hoy voy a dejar de gatear. Ahora voy a Rinocentorear.

ATARDECER EN LA PLAYA

ATARDECER EN LA PLAYA

Ese que ven ahí, sentado en esa silla de playa, soy yo. Me han sentado ahí para la foto aunque luego me he quedado un rato más. Me he dado un baño. El agua estaba fría, muy fría para mi delicada piel. Y gritaba, gritaba mucho. Hasta que he empezado a hacer submarinismo y entonces todo el frío se me ha pasado y he empezado a disfrutar del baño.

Después he andado mucho por la arena. Me he arrastrado por la arena y he comido un poco de arena. La rena de la playa no es muy rica, no la de esta playa, que tiene un color oscuro, como de petróleo. Pero me la he comido igual.

Me lo paso bomba en la playa. Y después duermo como una marsopa. O como un bebé. El otro día me quedé tan dormido que me cambiaron el pañal y yo no me enteré de nada. La playa cansa, pero eso no importa porque me lo paso rebien.

LA MUDANZA, EPISODIO UNO

LA MUDANZA, EPISODIO UNO

Estos dos que son mis padres han decidido cambiar de casa. Dicen que nos vamos a un barrio más bonito, a una casa que está más cerca del mar. Eso fue en Feria. En la Feria de esta ciudad que es mía.

Dicen que dejaré de ser perchelero para ser paleño.

De momento, y ante la incertidumbre, una hermosa borrachera con Cartojal...

RESFRIADO

RESFRIADO

Estoy resfriado. Eso dicen estos dos, que he cogido un resfriado. Yo no he cogido nada, de verdad que no. Vamos, que cojo cosas pero que luego las suelto y las lanzo contra el suelo para ver cómo suenan. Y no, no recuerdo haber cogido nunca un resfriado. Ni siquiera sé en que cajón o en qué armario lo guardan.

Es incómodo el resfriado. Tengo la nariz llena de mocos. Y la garganta. A lo mejor no es un resfriado sino que me están saliendo un montón de dientes a la vez. Quizá no sean tampoco los dientes ni el resfriado que agarré en algún armario sin darme cuenta y sea otra cosa.

Da igual, porque resfriado y todo, voy a la playa. A broncearme. A darme largos baños de sol y de sal. A jugar con la arena ardiente. A llenarme de arena hasta los párpados.

LA MUDANZA, EPISODIO TRES

LA MUDANZA, EPISODIO TRES

La casa nueva es un poco más pequeña que la que teníamos antes, pero el mar está mucho más cerca. Y es mucho más luminosa. Cuando hemos llegado, no había nada de nada, así que me he recorrido la casa con mi nave espacial de norte a sur, abriendo cajones, abriendo y cerrando puertas... Después ha llegado un señor que ha traido un montón de cajas llenas de cosas. Todo, menos mi cuna.

Desde hace un par de días soy Paleño. Del barrio de El Palo.

LA MUDANZA, EPISODIO DOS

LA MUDANZA, EPISODIO DOS

La nueva casa es muy blanca y tengo una habitación más grande para mí. Como soy ya muy grande han decidido que ya no duermo más en cuna, que mejor una cama. En realidad estos dos llaman cama a cualquier cosa porque lo único que tengo es un colchón tirado en el suelo rodeado de almohadones. Al principio me ha costado adaptarme al colchón, pero no demasiado.

Por lo visto, la señora que nos iba a alquilar la nueva casa dijo que No el último día, justo cuando ya estábamos recogiendo las cosas y metiéndolas en cajas. Así que, durante un par de días, estuvimos flotando en una especie de limbo. Mi tía Daniela nos sacó de ese limbo y nos dejó estar en la guardería mientras encontrábamos una nueva casa. Y ahí estoy, en el limbo, sentado en un columpio.

Al verme, nadie diría que estábamos en el limbo

EL ESCONDITE

EL ESCONDITE

La casa está llena de cajas porque nos cambiamos de casa. Y ahora que está así, aprovecho para esconderme. Es muy divertido jugar al escondite, sobre todo cuando soy yo el que me escondo. Cuando se esconden estos dos no me hace tanta gracia porque tardo muchísimo en encontrarlos. Y me desespero, por qué negarlo.

SECRETOS

SECRETOS

Esa cabellera oscura es la de Gloria. Gloria me cuenta secretos. Acerca su cara a mi cara y me cuenta un montón de cosas. Habla muy bajito, cuchicheando. Es un tono de voz tan bajito que, para escucharla bien, tengo que callarme y estar muy atento. Y me habla y me dice y yo me entero de un montón de cosas que no sabía y que, ahora que las sé, también son un secreto. Y los secretos no se cuentan, para eso lo son. Y menos los secretos de los amigos. Y Gloria lo es. Así que, aunque no me den de comer ni me dejn dormir, aunque me quiten todos mis juguetes o me obliguen a dormir en el suelo no lo contaré.

Pero estoy pensando que en realidad no es más que un truco para que deje de gritar, de chillar o de patalear. Que no es más que una artimaña que les está enseñando Gloria a estos dos para los momentos en los que no hago más que quejarme por todo. Porque el otro día, mi padre empezó a contarme un secreto y... bueno, tampoco se lo puedo contar porque es secreto, pero creo que lo que me contó no lo era. ¿Es un secreto que el hombra jamás puso un pie en la Luna?

LAS TORRES

LAS TORRES

Uno de los juegos que más me gustan es tirar torres. Cualquiera de estos dos construye una torre y yo me lo paso bomba tirándola al suelo. Puedo pasar horas así. Cada nueva torre es un poco más alta que la anterior y tiene de todo: unos cubiletes de plástico formando la base, unas piezas de madera de muchos colores después y coronando la torre, cualquier cosa que encuentran. Como la torre cada vez es más alta, tardan más tiempo en levantarla y yo aprovecho para jugar a cualquier otra cosa. Vamos, que dejo de prestarles atención. No me interesa tanto saber cómo se construye esa torre, me interesa saber destruirla y que, al caer, haga mucho ruido.

En esa foto, la torre está inclinada y está en el movimiento de caída hacia el suelo. Si se fijan bien, verán mi enorme cara de satisfacción.

EL TELEFONO MOVIL

EL TELEFONO MOVIL

Mi madre me hace todas estas fotos con el teléfono móvil. No me pregunten como lo hace, pero es así. El teléfono móvil de mi madre es rojo y además tiene músicas. No tiene una sola música sino que tiene varias. Apretando algunos botones suenan esas músicas que tanto me gustan. Son melodías muy graciosas.

Si mi madre no me da el móvil no dejo que me cambien el pañal, aunque tenga mierda hasta la espalda. Empiezo a retorcerme y a girarme más que nada porque no entiendo por qué tienen que tumbarme para cambiarme el pañal si ellos, para cambiarse de bragas o de calzoncillos no lo hacen, se quedan siempre de pie. Por qué yo tengo que estar en esa posición y me tienen que levantar las piernas en una postura incomodísima si, con un poco de ayuda, soy capaz de estar de pie. No lo entiendo. Así que mi madre me da su teléfono móvil que hace fotos y que tiene músicas y me concentro tanto en eso, en ese artefacto que no pesa nada, que ni siquiera me doy cuenta de que me están cambiando el pañal.

Me gusta tanto que, cada vez que se acerca con el teléfono rojo, trato de cogérselo. Como en esta foto.

MI CALLE

MI CALLE

Ese que ven ahí montado en una nave espacial soy yo. Y eso que me rodea, es mi calle. Es la primera vez que salgo a la calle así, montado en mi nave espacial. Me ha gustado la calle mucho. He visto muchas cosas: he visto árboles y los he tocado, le visto a un gato que ha escapado cuando he intentado caercarme a él, le visto una mierda de perro y mi padre ha impedido que la pisara, he tocado la acera que es sucia y fría.

La calle en la que vivo se llama Constancia que, por lo visto, es algo que yo todavía no tengo y que supongo que algún día tendré. Dicen que la constancia es algo así como la tozudez pero disimulada con una bonita palabra. Que queda más hermoso decir que tienes constancia a decir que eres un tozudo o un cabezota. Dicen estos dos individuos que dicen ser mis padres, que algunas veces si tengo constancia, que las veces que grito y grito las hago con verdadera constancia y tenacidad, que no dejo de gritar hasta que me cogen en brazos o se ponen a jugar conmigo.

Creo que el tono en el que lo dicen es más bien de reproche, aunque Constancia sea una virtud muy valorada.

TARZAN

TARZAN

Dice mi padre que Tarzán es un tipo que se pierde en la selva y lo cuidan unos monos y, sin comerlo ni beberlo, se convierte en rey de esos monos. Dice que ese sujeto se pasa el día entero con un pañal y que, para desplazarse, usa unas cuerdas que cuelgan de los árboles y que se llaman lianas. Dice que, esete individuo llamado Tarzán en realidad tiene otro nombre y que se pasa el día gritando, ensayando una especie de alarido. Dice que lo usa cuando algo o alguien está en peligro, cuando él mismo está en peligro. Dice que cuando los bichos escuchan ese grito, van al sitio en donde está Tarzán.

Dice mi padre que soy Tarzán.

Que me paso el día sólo con el pañal, como Tarzán y su taparrabos.
Que para desplazarme uso los brazos y las manos de otros, como si fueran lianas y que sólo así logro mantenerme en pie. Como Tarzán.
Que, auqnue todo el mundo me llama Gordo, Sebas o cualquier otra cosa, yo me llamo Sebastián. Como el bueno de Tarzán que en realidad se llama ¿Henry? ¿Timothy? ¡Da igual!
Que grito tanto y tan fuerte como Tarzán, que tengo sus mismos pulmones.
Que. como él, me ducho bajo la cascada de agua que sale de la ducha.
Y que debo estar miles de veces al día en peligro, porque paso mucho tiempo gritando. Y que estos dos, cuando grito mucho, vienen a ver qué pasa, como si fueran los bichos que siguen el alarido de Tarzán.

Creo que estos dos se están hartando de que sea Tarzán.

SANTI

SANTI

Esa mujer que me sostiene y me sonríe es Santi, mi estanquera favorita. Hay otras mujeres que venden cigarrillos en esta ciudad, pero ninguna es tan simpática como Santi. Y como su marido, Antonio. Y como sus hijos. Cuando voy al estanco, siempre me saludan y me preguntan cómo estoy y me regalan caramelos. Pero a mí lo que me gusta son los paquetes de tabaco porque son muy manejables: no son demasiado grandes ni demasiado pesados y, cuando están cerrados, puedo morderlos y morderlos sin que se rompa nada, sin que llegue a comerme el cartón con el que están hechos.

Santi sabe mucho de fútbol. Como mi madre. Así que he sacado en claro una cosa: el fútbol es cosa de chicas, son ellas las que más saben. Mi padre dice que el fútbol es un juego extraño y muy aburrido, que es mucho mejor el baloncesto. De hecho, el otro día en un bar, un chico me dijo que, de seguir creciendo así, debería jugar al baloncesto. Lo mismo que dice mi padre. Así que he sacado otra cosa en claro: el baloncesto es cosa de chicos. Yo soy chico, así que debería gustarme el baloncesto y aburrirme el fútbol. En cuanto sepa de qué estoy hablando, les explicaré de qué soy aficionado.

SEDUCIENDO A KERSTIN

SEDUCIENDO A KERSTIN

Esa chica alemana que me tiene en sus brazos se llama Kerstin y a pesar de que no hablamos el mismo idioma he logrado seducirla, lo suficiente como para acabar en esta postura en mitad de una playa. Kerstin es muy dulce y muy simpática.

Tengo encanto con las mujeres. Entro en una tienda y todas las chicas me saludan y se acercan y me tocan. La panadera, una rubia guapísima, me sonríe y yo a ella y me regala pan. Gloria me deja que tire todas sus cajas de DVD, todas las que tiene en las estanterías y se ríe y yo también, claro. Mi farmaceútica favorita, mi única farmacéutica, se alegra un montón al volver a verme y yo a ella, porque nos vamos a engañar. Las señoras que están en la cola del supermercado para pagar me saludan corteses y me dicen que soy muy guapo, otras me acarician la cara y se ríen de mis mofletes, otras se acercan y juegan conmigo un rato. Ana, una chica pelirroja que trabaja en una inmobiliaria, me saluda, me da besos. Y no solo ella, también las otras chicas que trabajan con ella.

Dice mi padre que disfrute mis momentos de gloria, que después, cuando crezca, ninguna se acercará así y que tendré que acercarme yo a las chicas que me gusten aunque yo les guste a ellas. Que es todo un poco extraño porque no tiene sentido que ahora sí, que soy solo un bebé y no puedo articular palabra, y más tarde no, aunque pueda hablar por los codos. Que no es lo más raro que me va a pasar pero que es una cosa extraña que sucede cuando creces.

PESO PESADO

PESO PESADO

Hoy tengo 0 años, 10 meses y 8 días. Dice la pediatra, una nueva pediatra que también ha resultado ser machista, que peso 12 kilos y que mido 75 centímetros. Dice mi padre que soy un Peso Pesado, como un tal Muhammad Ali que, a mi edad, medía lo mismo y pesaba lo mismo que yo.

Dice la nueva pediatra, que ha resultado ser tan machista como la otra que tenía antes, que debería ponerme a régimen, que en vez de las cinco cucharillas de papilla de cereales que me añaden al biberón de la noche, deberían ponerme cuatro. Que en vez de darme un biberón de cuarto de litro, deberían darme algo menos. Dice esta pediatra que es tan machista como casi todas que, según todos los manuales que ha estudiado y aprendido, debería pesar treinta gramos menos y que debe ser que hago poca actividad. No solo es machista, sino que aborrece la diferencia. Porque yo soy más alto que los niños que son de mi edad y peso más que los niños de mi edad... ¿y? ¿tanto le molesta que quiere ponerme a régimen?

Dice mi padre que va a buscar a una pediatra que además haya sido madre. Que las pediatras sin hijos, además de ser machistas y de aborrecer la diferencia, sólo saben de bebés lo que han leído o les han enseñado. Y que creen que todos los que son de mi edad hacemos las mismas cosas, dormimos igual, hablamos igual y pesamos igual. ¡hay que ser boba para pensar eso!