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Sebastián es ¡Andalú!

POPEYE SOY

POPEYE SOY

Hoy, de repente, ya no soy Gordo, ni Gordito ni nada de eso. Hoy, me han llamado Popeye.

Popeye es un marino que se alimenta a base de espinacas que es exactamente eso que tengo en mi mano, en mi boca y en una oreja. Las espinacas son ricas y parecen césped aunque son un poco más oscuras que el césped. Dicen que las espinacas tienen hierro pero debe ser en polvo porque si no me hubiera destrozado las encías como cuando me como las llaves de mi padre que sí son de hierro. Lo de Popeye no me gusta tanto. Creo que el sujeto es feo y bastante descerebrado.

Dice mi madre que soy muy buen chico porque me lo como todo muy bien, que no le hago ascos a nada. Que soy algo que se llama Omnívoro. Lo que pasa es que tengo hambre, y con el hambre ¡no hay pan duro!

MARIA, EL HADA DE LAS HIERBAS

MARIA, EL HADA DE LAS HIERBAS

María no vive en un bosque pero sabe todo de hierbas y de pócimas mágicas para curar a las personas. Es como una druida o una bruja buena. O un hada del bosque. Ella fue la que le dió a mi madre el anís estrellado para que ella se lo bebiera y yo me tirara los pedos. Es ella la que me va a curar cuando me pase algo. Porque María, el hada de lo Bosques, sabe mucho de todo esto. Casi tanto como los médicos chinos. Además es muy guapa y muy simpática, tal y como son todas las brujas de los bosques. Las brujas buenas, claro.

Siempre que me ve se alegra mucho de verme. Y yo de verla a ella.

LAS FLORES

LAS FLORES

Me gustan las flores. Son suaves y muy delicadas. Antes de acariciarlas, mi madre me ha explicado cómo se debe hacer para no romperlas porque son muy frágiles. Dice que las flores están vivas. y yo he estado un buen rato esperando que se movieran o que me dijeran algo pero las flores se han quedado quietas, mirándome a mí. Dice mi padre que tratan de hacerse las muertas porque la gente, cuando las ve así de frescas y lozanas, trata de arrancarlas de cuajo y que ellas, que no son nada tontas, se quedan así, rígidas, como si fueran piedras. Que si las acaricio, que si me acerco a las flores con cuidado seguro que se hacen amigas mías.

Y ahí estoy yo, tratando de llevarme bien con las flores.

Si no puedo arracarlas, ¿cómo puedo hacer para llevármelas a mi casa sin que mueran de verdad?

ACOSADO

ACOSADO

Esa chica de 13 meses que me tiene sujeto de la mano me está acosando. Insiste en que yo le gusto, que soy muy simpático y muy guapo. Que soy del tamaño adecuado para ella. Que tengo todo lo que una mujer como ella espera de un hombre como yo. Y yo, me siento acosado.

No es que no me guste la chica. Es sólo que es un poco sosa. Habla poco. Sólo sabe decir cosas con la letra A, así que no ha entendido casi nada de lo que le he dicho y lo que ella me ha dicho a mí... bueno es irreproducible en este diario sin ponerme colorado.

Hasta el día de hoy nunca me había sentido acosado. Y no es una sensación muy agradable.

LAS HABITACIONES

LAS HABITACIONES

Mi casa tiene muchas habitaciones. Hay unas grandes, como la cocina, el baño, mi dormitorio o el dormitorio de mis padres y otras más pequeñas en donde viven cosas. En la cocina he descubierto una en la que viven unos platos hondos de colores muy bonitos y una jarra de plástico. Me han saludado y yo les he saludado a ellos.

En mi habitación también hay otras habitaciones. Hay una, bastante grande, en donde vive mi ropa. A veces, por la noche, mis camisetas se ponen a jugar con mis pantalones o con los zapatos. Creo que también juega algún pijama. Y tratan de no despertarme, pero alguna noche, con tanta alegría y tanta fiesta, tiran una percha o lanzan un zapato al suelo. A mí no me importa que la ropa se divierta mientras duermo. Es bueno reír. Así, cuando me la pongo por la mañana, está más relajada y se adapta mejor a mi piel. Las camisetas, por ejemplo, esconden las etiquetas para que no se me claven.

Mi casa está llena de habitaciones. Las hay rectangulares y cuadradas, altas y más bajas. En cada una de ellas vive alguien o algo. Y ahí me ven, mirando atónito a pijama haciendo malabarismos en el armario. Si sigue haciendo eso terminará en el suelo...

GATO

GATO

Ahí me ven, maullando y enseñando mis garras. Dicen estos dos que aseguran ser mis padres que soy como un gato, que tengo un marcado sentido de lo que es mi territorio.

La cosa es así. Viene la gente a visitarnos. A veces son muchos, otras veces son pocos. Se sientan en mi sofá verde. Hablan con mis padres y hacen que se olviden de que yo existo. Ocupan mi sitio en la cocina. Ocupan mi rincón en la mesa. Y grito. Les miro serio, les miro el aura. Y si no es del color de mis padres la cosa deja de gustarme. Así que les grito o lloro. Lo de llorar es buenísimo, porque cuando lloro en la cara de un desconocido normalmente se siente incómodo. Dicho de otra forma, se siente culpable de algo. Y deja de molestarme. Ya no se sienta en mi sofá verde, ya no me quita más mi sitio en la mesa y hace que cualquiera de estos dos empiece a prestarme atención otra vez.

Dice mi madre que así se comportan los gatos.

¿En qué momento dejaré de ser un bicho y seré sólo un niño?

EL CESPED

EL CESPED

El césped es una alfombra hecha de ramitas pequeñas de color verde que está muy frío. Hay trozos de esa alfombra que huelen a mierda y otros a tierra. No me gusta mucho el césped. Dice mi madre que es porque parezco El Príncipe Del Guisante y que en el césped estoy incómodo porque detecto cualquier piedrecita que esté escondida debajo de las ramitas verdes y se clave en mi espalda o en mi culo (a pesar del pañal, noto todas las piedrecitas).

Por un momento he creído que el césped era para comer. Dice mi padre que las vacas comen césped, y los caballos y los burros. Pero que como yo soy un mono, aunque a veces sea un poco burro, tenga la fuerza de un caballo y coma como una vaca, yo no como césped.

SIN MÁS TETA

SIN MÁS TETA

Se acabó la teta.

Dicen los libros que cuando el bebé se queda sin teta sufre una especie de frustración o de trauma, que bla, bla y más blablabla. Todo eso no es más que una leyenda. Yo he dejado la teta pero si no es porque lo estoy escribiendo no me daría ni cuenta. No la echo de menos. Mientras que me sigan dando de comer todo va bien.

Eso que sujeto entre mis manos y que intento comerme es mi nuevo vaso. Es azul. Hay veces que le ponen agua (algo horrible que no sabe absolutamente a nada y que sólo sirve para mojarse) o zumo (las frutas también tienen agua, pero al menos sabe a algo dulce). Lo que sí echo de menos es la cerveza. Sólo la he probado dos veces y está riquísima. Dicen que soy demasiado joven para beber cerveza, que todavía no tengo las tripas formadas. ¿Cómo se hace para crecer más deprisa y poder comer la papilla con una cervecita?

LOS CACHETES COLORAOS

LOS CACHETES COLORAOS

Hoy hemos estado paseando por la playa y me ha dado el sol. No me he puesto muy moreno pero se me han puesto los cachetes coloraos. Dice mi padre que así, con los cachetes coloraos, me parezco a Heidi. Que me parezco a casi todos los niños que aparecen en los dibujos animados japoneses, siempre con los cachetes coloraos. Lo que menos me ha gustado ha sido enterarme que Heidi es una niña, aunque a estas alturas ya me voy habituando.

Esto de los cachetes es un poco extraño. Todo el mundo quiere tocármelos. Vamos paseando, nos cruzamos con una señora, me dice qu soy muy guapo y bla, bla, bla y después quiere tocarme los cachetes. Una esta bien, pero varias es incómodo. Además no todas las señoras que me tocan son simpáticas. Dice mi madre que va a empezar a cobrar a todas esas mujeres que quieren tocarme los cachetes. Sobre todo a esas que tienen la cara de bruja.

MI AMOR PLATONICO

MI AMOR PLATONICO

Esa mujer que está ahí se llama María y es mi amor platónico. Es farmacéutica, mi farmacéutica.

Dice María que se va a meter en formol para esperar a que yo crezca. Yo, como y como para ver si crezco más deprisa. Estoy a punto de comer tizas o yeso, que dicen que provoca fiebre. Ya saben que con la fiebre los bebés de mi edad crecen más deprisa. Dice mi padre que, cuando sea un poco más mayor, lo de comer yeso o tiza me servirá para librarme de algún examen. No tengo ni idea de qué está hablando pero yo le sonrío y le digo que sí.

María es supersimpática, es superguapa y me lo paso superbien con ella. Ahí estoy jugando al Lego, haciendo todo lo que ella me dice. Esta foto es diez segundos antes de que me dijera que lo tirara todo al suelo. Yo, como ella es mi amor platónico, lo he hecho. Y se ha reído. Y yo también.

Nadie sabe ponerme en la balanza para pesarme tan bien como María. Y eso que ahora estoy en 11 kilos. Si me apuro comiendo, puedo crecer mucho y evitarle ese asunto del formol. Dirán que hay diferencia de edad entre nosotros. ¿No había diferencia de edad entre Onassis y Jacqueline?

SEDUCIENDO A MÁS JOVENCITAS

SEDUCIENDO A MÁS JOVENCITAS

Las chicas que más me gustan tienen el pelo negro. Si cayera en manos de un psiquiatra diría que tengo un apego especial con mi madre que tiene el pelo oscuro y de ahí esa fijación con las chicas morenas. Eso es una solemne memez. Me gustan las morenas porque me gustan, sobre todo si tienen el pelo rizado. Las pelirrojas también me resultan simpáticas. Y las rubias. Y las de pelo liso. Y las que tienen el pelo largo o las que lo tienen corto.

A esta chica la he conocido en el mercado. Estaba haciendo unas compras, verduras y algo de carne para mi papilla del mediodía, cuando la he visto. No era una chica muy fea pero era bastante sosita. Le he dicho algunas de mis frases más perfectas para este tipo de situaciones pero, por lo visto, hablábamos idiomas diferentes. O más exactamente ella no me ha entendido a mí. Debe ser por ese arrastrar las vocales como si fuera un tango, ese recortar las palabras como si fuera malagueño, ese lenguaje algo cañí de los madrileños. El caso es que yo le entendía todo a la chica, pero ella a mí nada de nada. Tan nada, que hacía más caso al frutero que a mí. A lo mejor a ella le gustaba el frutero. O le he parecido un pesado. O yo que sé.

Hay cientos de miles de chicas en esta ciudad. Tengo tiempo.

EL EQUILIBRIO

EL EQUILIBRIO

Eso que ven ahí soy yo. Se supone que estaba sentado, todo sonriente, preparadísimo para hacer la foto y en el último momento ¡zas!, al suelo. Es difícil esto del equilibrio, mantenerse firme en una postura. Yo creo que estoy un poco desproporcionado porque peso más del lado derecho que del izquierdo. Siempre me caigo hacia la derecha, así que debe ser una cuestión de equilibrio de masas. Me miro en el espejo y veo que tengo la oreja derecha del mismo tamaño que la izquierda, que el brazo derecho es tan largo como el izquierdo, que la pierna derecha es de la misma longitud que la izquierda y está igual de gorda. No sé, pero siempre me caigo del mismo lado.

Dice mi madre que cuando empiece a gatear van a forrar la casa con protectores en todas las esquinas.
Dice mi padre que cuando empiece a gatear esto va a ser lo más parecido a Urgencias.
Yo no sé qué decir. De momento me basta con mantenerme en equilibrio.

LA LETRA PRFFF

LA LETRA PRFFF

La letra PRFFF es la que mejor me sale. De hecho, casi todas las palabras del mundo empiezan o terminan en PRFFF. Dicen que la primera palabra que sale es PAPA o MAMA. Todo mentira. La primera palabra que me ha salido es REO y REA, que por lo visto quiere decir Condenado o Preso. Con el asunto del masculino y del femenino aún me hago líos, porque a mi madre la llamo REO y a mi padre REA. También me salen otras palabras, pero casi todas empiezan por esa letra tan bonita, la PRFFF.

También uso las manos para construir palabras. Grito, acerco mis manos a la boca, y me sale algo parecido a LALALA. A veces, es LELELE. Así que, por ejemplo, cuando tengo ganas de divertirme digo PRFFFFeeeLELELELE y cuando tengo hambre LALALALAPRFFFFFaa. Lo que no sé es cómo se hace la I. ¡Siempre me sale una E!

¿POR QUÉ ME LLAMAN GORDO?

¿POR QUÉ ME LLAMAN GORDO?

Hoy me he cruzado con una señora que debía tener setenta años pero que aparentaba noventa, que me ha dicho que estaba un poco gordo. Dice la pediatra que estoy en mi peso y estatura para mi edad de acuerdo con lo que medí y pesé al nacer. Parece que hay gente que nunca ha visto a un jugador de baloncesto o de rugby. ¿Creen que Shaquille O'Neal era un bebé pequeñito? ¿Creen acaso que Pau Gasol fue alguna vez pequeñito? Yo no tengo la culpa de medir como un niño de 12 meses o que estos dos tengan que comprarme ropa de niños de 1 año. ¿Creen que yo puedo elegir mi tamaño a voluntad? ¡No!

Así que ahora, a todos esos que creen que estoy gordo, les miro mal, no les regalo ni una sonrisa. Y si me apuran un poco, hago todo lo posible por tirarme un pedo en su cara.

CHINA

CHINA

Dice mi padre que el futuro está en China, que Europa se está convirtiendo en un geriátrico. Dice que cuando yo tenga su edad, China dominará el mundo. Y que es imprescindible saber chino. Ha convencido a mi madre de que es una buena idea y es ella la que me está buscando una maestra de chino.

Esa chica con los ojos un poco más ovalados que los nuestros es una mujer china. Trabaja en un supermercado que está muy cerca de casa y va a ser mi profesora de chino. A mí me ha gustado mucho. Me ha parecido muy simpática y muy cariñosa. Y muy guapa. He ensayado una caída de ojos parecida a la de un tipo que se llama Clark Gueibol, y una sonrisa casi idéntica a la de Yorch Cluni, pero no ha funcionado tan bien como yo esperaba.

Ahora mi padre quiere poner cintas con cursos de chino. Dice que aunque no entienda nada ahora no tiene importancia, que lo que se trata es de entrenar al oído.

Mi madre se ríe mucho con todo esto. Yo también, la verdad.

LA PAPILLA DE VERDURAS

LA PAPILLA DE VERDURAS

La papilla de verduras que me como a mediodía está bastante rica aunque me sabe a poco. No es que me den poca, es que las verduras entran y antes de darme cuenta ya las he digerido. Lo que más me gusta es la zanahoria y la patata. Me gusta más cuando le ponen un poquito de pollo. Después de un buen plato de verduras me tomo un buen biberón y, de postre, algo de teta. Ya muy poco, la verdad. Lo justo para tener un sabor dulce en la boca.

Cuando como me lo paso en grande. Estos dos se ríen mucho porque me meto las manos en la boca y después de froto con ella los ojos o la nariz, así que termino de comer con la cara envuelta en papilla, como si fuera una máscara. No saben aún que lo hago porque las verduras mantienen la piel fresca y tersa, que las verduras ayudan a mantener el pH de mi piel de bebé. A alguien le he oído decir que soy un poco metrosexual, que no sé muy bien que quiere decir. Lo único que se es que me gusta comer papilla de verduras y que me gusta llenarme de papilla hasta las cejas. Y además, en sentido literal.

EL NIÑO ZEN

EL NIÑO ZEN

Aunque parezca mentira, estoy enfadado. Me enfado porque me aburro. Me aburro porque aún no puedo gatear, así que me paso el día sentado en el carrito o tumbado. Y sentado me aburro. Y si me aburro, grito. Dice mi padre que si yo fuera un niño zen no me aburriría tanto, que los niños zen disfrutan en la inacción, en la inactividad absoluta. Pero a mí me gusta la acción. Además, la culpa de que sea así es de estos dos, que no paran de hacer el payaso. Y son tan graciosos...

Esto de los niños-zen viene en algunas revistas de esas que dan consejos para madres (nunca para padres). Dicen que para conseguir un niño-zen es bueno poner música relajante (no el Potro o los Decadentes, como ponen estos dos). Que es bueno hablar suave con los niños y con palabras cortas (y no jugar a la Guerra de las Galaxias o al Vengador Tóxico). Que es bueno leerle cuentos por la noche (y no un ensayo sobre los navegantes portugueses del siglo XVI). Vamos, que han hecho todo lo que no se debe hacer para que yo sea un Zen de esos que disfrutan en la inacción.

Ahora ya es tarde. Ya no tiene remedio. Me aburro, a veces, pocas veces, me aburro. Y si me aburro me enfado y chillo. Y cuando chillo mucho me llaman "Hinchapelotas". ¿Cómo voy a ser un hinchapelotas si aún no se soplar?

LA ANGUSTIA DE LOS SEIS MESES

LA ANGUSTIA DE LOS SEIS MESES

Dicen que los niños que tienen seis meses tienen una cosa que se llama Angustia y que, básicamente, consiste en que tengo conciencia de mí mismo, me doy cuenta de que no estoy dentro de la panza de mi madre, que soy una persona. Y dicen que eso genera Angustia. Que por eso estoy más sensible, que por eso estoy más llorón.

El que ha escrito eso es un bobo.

Con seis meses empiezan a salir los dientes. Y eso, aunque parezca insólito, duele. Y duele un montón.
Con seis meses me han dado tres pinchazos para prevenir siete enfermedades. Y eso, aunque parezca raro, duele. Y no son vacunas suaves, son vacunas dolorosas y muy pesadas.
Con seis meses me lo paso mejor que con cinco meses y mucho mejor que con cuatro. Sobre todo porque puedo distinguir muchos colores, escuchar muchos sonidos y ver mucho más que antes. Ahora ya sé que es un árbol y un vaso y un cepillo de dientes.
Con seis meses ha venido a verme mi madrina (esa mujer a la que estoy besando) y me ha llenado la casa de juguetes. Me ha traído dos piscinas de plástico enormes. Tanto, que hay una que estos dos que son mis padres no se han atrevido a inflar.

¿Angustia? Creo que mi única angustia es saber cuando me toca comer y cuando volvemos a salir a la calle a pasear.

SEDUCIENDO A LAS JOVENCITAS

SEDUCIENDO A LAS JOVENCITAS

Dice mi padre que tengo que sonreir a todas las chicas, que tengo que sonreir a casi todo el mundo. Hay veces que no me sale. Por ejemplo con los borrachos o con los drogadictos. Y con algunos viejos que me hablan como si yo fuera un tarado. Pero a las chicas siempre las sonrío, aunque me traten como a un tarado.

Hoy estaba en la farmacia comprándome una crema para las encías cuando me han presentado a Paula. Paula tiene la misma edad que yo y es muy simpática. No hemos hablado mucho ni no hemos intercambiado los números de teléfono ni hemos quedado para irnos por ahí de farra. El caso es que yo la he sonreído y la he acariciado la cara pero ella estaba más pendiente de mi padre que de mí. Dice mi padre que ese es el destino de los hombres, dice que las chicas de mi edad (sea cual sea mi edad) siempre se fijarán en alguien que es, o más mayor que yo o mucho más joven y que sólo cuando esté rozando la cuarentena, las de mi edad me encontrarán atractivo.

De momento, y por lo que estoy viendo, esto es casi una ley.

LOS DIENTES

LOS DIENTES

En esa foto estoy, como no podía ser de otra manera en Semana Santa, viendo una procesión. Creo que es el Calvario o las Angustias o el Dolor. Me río, porque es exactamente lo que me pasa ahora que me están saliendo los dientes, esto es un calvario que me llena de angustia por este dolor.

Veo a mi padre y a mi madre y a todos los que me rodean y les veo los dientes y cómo mastican con ellos y me pregunto si les habrán dolido tanto como a mí. Los dientes sólo crecen por la noche. Y es un dolor agudo e insoportable. Muerdo cosas frías, pero sólo es un alivio corto. Casi no como, me da miedo comer, porque cuando como crezco y, al crecer, me crecen más los dientes. Creo que no quiero tener dientes, que prefiero seguir todo el tiempo a biberones y sopas y zumos. Que no quiero masticar. No si hay que aguantar este dolor inhumano.