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Sebastián es ¡Andalú!

GATO

GATO Ahí me ven, maullando y enseñando mis garras. Dicen estos dos que aseguran ser mis padres que soy como un gato, que tengo un marcado sentido de lo que es mi territorio.

La cosa es así. Viene la gente a visitarnos. A veces son muchos, otras veces son pocos. Se sientan en mi sofá verde. Hablan con mis padres y hacen que se olviden de que yo existo. Ocupan mi sitio en la cocina. Ocupan mi rincón en la mesa. Y grito. Les miro serio, les miro el aura. Y si no es del color de mis padres la cosa deja de gustarme. Así que les grito o lloro. Lo de llorar es buenísimo, porque cuando lloro en la cara de un desconocido normalmente se siente incómodo. Dicho de otra forma, se siente culpable de algo. Y deja de molestarme. Ya no se sienta en mi sofá verde, ya no me quita más mi sitio en la mesa y hace que cualquiera de estos dos empiece a prestarme atención otra vez.

Dice mi madre que así se comportan los gatos.

¿En qué momento dejaré de ser un bicho y seré sólo un niño?
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