EL TELEFONO MOVIL

Si mi madre no me da el móvil no dejo que me cambien el pañal, aunque tenga mierda hasta la espalda. Empiezo a retorcerme y a girarme más que nada porque no entiendo por qué tienen que tumbarme para cambiarme el pañal si ellos, para cambiarse de bragas o de calzoncillos no lo hacen, se quedan siempre de pie. Por qué yo tengo que estar en esa posición y me tienen que levantar las piernas en una postura incomodísima si, con un poco de ayuda, soy capaz de estar de pie. No lo entiendo. Así que mi madre me da su teléfono móvil que hace fotos y que tiene músicas y me concentro tanto en eso, en ese artefacto que no pesa nada, que ni siquiera me doy cuenta de que me están cambiando el pañal.
Me gusta tanto que, cada vez que se acerca con el teléfono rojo, trato de cogérselo. Como en esta foto.
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